sábado, 19 de octubre de 2013

¿Cómo empezó esta historia?

Podríamos decir que esta historia empezó el 1 de enero de 1993. Probablemente el día más oscuro de mi vida, el día que mi padre no pudo seguir dándole la pelea al cáncer. Él tenía 37 años.


Podríamos decir que esta historia empezó unos meses antes de esa fecha, ya que de poliposis adenomatosa familiar a cáncer colorectal hay un camino relativamente largo, pero que inequívocamente llega a su destino.


Podríamos decir que esta historia empezó el 23 de noviembre de 2012. A 20 años de la pelea que perdió mi papá, era mi turno de enfrentarme a mi información genética defectuosa. Porque eso es esta enfermedad. Y por eso es importante que si alguien tiene antecedentes familiares de poliposis adenomatosa familiar, o de cualquier tipo de cáncer en realidad, es hacerse el examen oportunamente. En este caso, el exámen es la colonoscopía, algo no muy agradable, pero necesario. La indicación es hacerlo 10 años antes que el caso índice (en este caso mi viejo, con cáncer a los 37)… ya llevaba 6 años conviviendo con el enemigo, y yo ni lo sabía.

Así es como encontré mi colon, estimado lector. Si la mucosa de su colon se ve como esto, vaya pensando en correr cuchillo


Entramos entonces a adentrarnos en el tema de este Blog. Lo hago pensando en cómo me sentí una vez que tuve los resultados del examen (en realidad, parte de la colono fue consciente y tenía vista del monitor, fue cosa de que entre el endoscopio y vi el tremendo despelote en el que se había convertido mi colon... la enfermera asistente puso una cara de funeral y yo estaba montado en la montaña rusa emocional que significa darte cuenta de que, probablemente, te queda poquiiiito, muy poquito). Pero eso fue sólo la primera sensación... la montaña rusa emocional tenía un largo recorrido programado para mí.

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